La industria del software en Colombia cerró 2023 con ventas superiores a 44 billones de pesos, un crecimiento atípico que llega justo cuando los líderes empresariales reconocen carecer del capital humano necesario para mantener el ritmo de la acelerada disrupción digital.

Un estudio nacional realizado por el Observatorio de Capital Humano y Amrop Colombia revela que, aunque el 87 por ciento de las organizaciones están implementando procesos de transformación digital, apenas el 28 por ciento considera que su personal está preparado para ello. Esta brecha de competencias se desarrolla en un sector repentinamente lleno de oportunidades: los ingresos por software aumentaron considerablemente el año pasado, incluso en medio de tensiones geopolíticas con Estados Unidos, según un análisis de El Tiempo que advierte sobre riesgos externos persistentes El Tiempo.

El simultáneo auge en la demanda tecnológica y la escasez de talento calificado establece el escenario para lo que los responsables políticos denominan «Colombia PotencIA Digital». Lanzada por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), esta iniciativa posiciona al país como un centro tecnológico competitivo, orientado a la exportación y como punto de referencia regional en inteligencia artificial El Tiempo.

Enfoque en el impulso y desalineación

La encuesta del Observatorio de Capital Humano en medianas y grandes empresas dibuja un panorama paradójico: la adopción de automatización e IA ha reconfigurado uno de cada tres roles de liderazgo durante los últimos tres años, sin embargo, dos tercios de los ejecutivos de recursos humanos señalan que la mentalidad —no el hardware o software— es el principal obstáculo para una transformación más profunda. Más del 70 por ciento de las compañías prevé que los futuros líderes necesitarán combinar empatía, aprendizaje continuo y alfabetización de datos, pero solo el 15 por ciento de los gerentes actuales se sienten preparados para guiar equipos híbridos o basados en proyectos.

Gary A. Bolles, experto internacional en el futuro del trabajo, enmarca el dilema con precisión: «La mentalidad se come a las habilidades en el almuerzo». Hablando antes de su participación en octubre en el XIII Congreso de Recursos Humanos, Bolles argumenta que la tecnología cambia más rápido de lo que la cultura organizacional puede absorber. Lo que antes evolucionaba durante meses ahora se transforma en días, obligando a las personas a «transformarse continua e intencionalmente» para seguir siendo relevantes.

Por qué importa ahora la desconexión

La bonanza del software en Colombia ha amplificado el costo de la inercia. El Tiempo informa que las ganancias de ingresos de 2023 fueron «atípicas», impulsadas por la demanda externa y proyectos de modernización doméstica, pero ensombrecidas por fricciones comerciales con EE.UU. que podrían reducir las exportaciones si las relaciones se deterioran más. La estrategia del MinTIC busca amortiguar esa vulnerabilidad ampliando mercados y fomentando la capacidad de innovación local, pero los ejecutivos de la industria advierten que el plan depende de mejorar las habilidades de una fuerza laboral capaz de implementar y gestionar herramientas avanzadas.

Bolles describe el trabajo mismo como un proceso de desagregación en tareas discretas manejadas por equipos rotativos o algoritmos. Las carreras se convierten en portafolios fluidos en lugar de escaleras lineales, y el liderazgo pasa del mando y control a la orquestación de talento distribuido. El consultor Joseph Teperman, autor de «Anticarreira», señala que, a medida que se consolidan los arreglos remotos e híbridos, más del 30 por ciento de los días laborales presenciales podrían desaparecer, erosionando la antigua medida de productividad basada únicamente en la presencia.

Dentro de las empresas, las cifras son aleccionadoras. El 65 por ciento de los jefes de RRHH encuestados ven las actitudes arraigadas como la principal barrera para la adopción digital. Solo una cuarta parte clasifica su base de habilidades existente como preparada para el futuro. Sin embargo, el 87 por ciento ha lanzado al menos una iniciativa de transformación, lo que indica impulso sin dominio.

El gobierno apuesta por «PotencIA»

En este contexto, «Colombia PotencIA Digital» del MinTIC visualiza una nación que exporta servicios informáticos sofisticados y soluciones de inteligencia artificial. El programa promueve infraestructura en la nube, educación en programación desde la escuela temprana y sandbox regulatorios que permiten a las startups probar ideas rápidamente. Los funcionarios lo presentan como un conjunto de herramientas de competitividad para una región donde Brasil y México tradicionalmente dominan los flujos tecnológicos, y donde las tendencias de nearshoring podrían redirigir la inversión hacia los mercados andinos si los canales de talento se expanden lo suficientemente rápido.

Los riesgos destacados por El Tiempo provienen de disputas entre Washington y Bogotá sobre comercio e impuestos a servicios digitales. Los analistas citados en el periódico ven barreras potenciales en futuras restricciones estadounidenses sobre tecnologías sensibles o reglas de transferencia de datos, factores que podrían estancar el crecimiento que impulsó las ventas de 2023. Diversificar los destinos de exportación y nutrir la demanda interna, por tanto, parecen críticos para mantener el impulso.

El capital humano como punto de apoyo

El marco de Bolles —Mentalidad, Habilidades, Herramientas— ofrece un mapa para las empresas colombianas que intentan explotar el auge de manera responsable. Mentalidad se refiere a la preparación para el cambio y la resiliencia; habilidades abarca resolución de problemas, adaptabilidad y creatividad; herramientas cubre competencia con IA, plataformas de automatización y análisis de datos. Los líderes de RRHH encuestados coinciden en que la secuencia importa: sin una base cultural que recompense la experimentación y el aprendizaje permanente, las costosas licencias de software permanecen inactivas.

Los encuestados citan iniciativas en curso: academias internas que enseñan desarrollo low-code, programas de mentoría que emparejan nativos digitales con gerentes senior, y métricas de rendimiento vinculadas a la colaboración interfuncional. Aun así, el 72 por ciento dice que sus canales de liderazgo van a la zaga de la complejidad de las tareas ahora automatizadas o delegadas a algoritmos.

Una mirada global a la urgencia local

Colombia no está sola. La investigación de McKinsey en América Latina muestra que hasta el 15 por ciento de las actividades laborales podrían automatizarse en esta década, pero solo una fracción de las empresas ha rediseñado las descripciones de trabajo en consecuencia. En el floreciente distrito fintech de Bogotá, los reclutadores informan una inflación salarial para científicos de datos que supera el 15 por ciento anual, lo que indica restricciones de oferta.

Bolles advierte que la automatización no elimina empleos completos sino tareas, colocando el resultado del empleo firmemente en manos humanas. «Las máquinas no reemplazan a los trabajadores; reemplazan actividades», señala, sugiriendo que el diálogo social y las decisiones políticas determinan si las tareas desplazadas liberan a las personas para roles de mayor valor o simplemente desaparecen.

La noción de «anticarrera» de Teperman coincide con esa perspectiva. Argumenta que los trabajadores deberían organizar un mosaico de proyectos alineados con el propósito personal, no aferrarse a un único empleador. Para las organizaciones, esto significa aprender a atraer talento a través de misiones significativas y arreglos flexibles, un cambio cultural que muchos en el estudio del Observatorio de Capital Humano aún no han adoptado.

Mirando hacia el Congreso de RRHH

El XIII Congreso de Recursos Humanos del 29 de octubre reunirá a Bolles, Teperman y ejecutivos regionales para analizar estos hallazgos. José Manuel Acosta, presidente de Capital Humano, dice que el momento exige recentrar la humanidad dentro de la ambición digital. «El futuro del trabajo no se trata solo de tecnología, sino de personas capaces de adaptarse, aprender y liderar cambios con propósito», sostiene, advirtiendo que sin alineación cultural incluso el plan del MinTIC podría fallar.

Análisis: ¿puede cerrarse la brecha lo suficientemente rápido?

La doble narrativa de Colombia —ingresos récord de software y una fuerza laboral que todavía recupera el aliento— ilustra la regla 80/20 de la transformación: implementar tecnología representa quizás el 20 por ciento del esfuerzo, mientras que incorporarla en la práctica diaria requiere el otro 80 por ciento. El plan PotencIA del gobierno proporciona infraestructura e incentivos, pero la urgencia del sector privado debe convertir esos insumos en capacidades sostenibles. Fracasar arriesgaría ceder cuota de mercado justo cuando los vientos geopolíticos cambian; el éxito podría posicionar a Colombia entre los principales exportadores digitales de América Latina y protegerla de choques externos.

Por ahora, los números entregan tanto una advertencia como una invitación: 44 billones de pesos en ventas de software señalan una demanda robusta; 28 por ciento de preparación del talento subraya una ejecución frágil. Cerrar esa brecha pondrá a prueba las mismas mentalidades que los expertos dicen determinan si la transformación prospera o se estanca.

Fuentes

  • https://www.eltiempo.com/economia/sectores/industria-del-software-en-colombia-tiene-ventas-que-superan-los-44-billones-pero-persisten-riesgos-por-las-tensiones-con-estados-unidos-3496063
  • https://www.eltiempo.com/mas-contenido/inteligencia-artificial-tecnologia-para-colombia-potencia-digital-811242