La industria argentina de software está posicionada para generar oportunidades de empleo sustanciales en los próximos años. Las proyecciones nacionales indican que durante 2017, el sector creará más de 12.900 nuevos empleos. En respuesta a estas perspectivas de crecimiento, la ciudad de Tandil moviliza activamente sus recursos para garantizar que el sector tecnológico local pueda aprovechar esta expansión de manera efectiva.

Un hito significativo en esta preparación ocurrió cuando más de 150 personas asistieron a una sesión inaugural de información pública centrada en el Plan 111 Mil. Este programa representa una iniciativa nacional que ofrece capacitación gratuita durante un año, con un objetivo ambicioso de cuatro años: preparar 100.000 programadores, 10.000 profesionales y 1.000 emprendedores para carreras en desarrollo de software y emprendimiento tecnológico.

La sesión de información fue organizada conjuntamente por CEPIT y UNICEN, reflejando un compromiso institucional colaborativo con el desarrollo de recursos humanos en el sector tecnológico. Tras el éxito de este primer encuentro, se programaron sesiones adicionales para facilitar una participación más amplia de la comunidad. Una segunda sesión fue planificada para la noche siguiente a las 20:00 en el auditorio del Centro Cultural de la Universidad Nacional del Centro, ubicado en Yrigoyen 662. Un tercer evento fue programado para el viernes 21 de marzo a las 17:00 en Universidad Barrial, situada en Nigro 1620.

La presentación inaugural contó con intervenciones de tres oradores clave que representan diferentes sectores del ecosistema tecnológico. Mauricio Salvatierra, vicepresidente de CEPIT; Diego Dalponte, secretario de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la Facultad de Ciencias Exactas de UNICEN; y Guillermo Islas, director técnico de Globant, compartieron información detallada sobre el Plan 111 Mil y respondieron preguntas de los asistentes. La composición de la audiencia reflejaba antecedentes demográficos y profesionales diversos: estudiantes de secundaria, recién graduados indecisos sobre su camino educativo, profesionales en activo buscando una reconversión laboral y miembros del público general.

La presentación comenzó con un video de introducción al programa. Salvatierra posteriormente se dirigió a la audiencia, expresando gratitud por su asistencia y delineando detalles específicos sobre la implementación del Plan 111 Mil en Tandil. Sus observaciones enfatizaron el estado actual de la industria de software, destacando la sustancial demanda de programadores calificados en el mercado laboral contemporáneo. Instó a los participantes a aprovechar la oportunidad de capacitación técnica e ingreso al sector de desarrollo de software, subrayando un mensaje importante: la experiencia en programación no requiere talento innato excepcional sino aprendizaje sistemático y dedicación.

Islas utilizó su intervención para aclarar un aspecto crucial del alcance y los objetivos del Plan 111 Mil. Explicó que, si bien el programa funciona como un mecanismo de inversión rápida diseñado para producir trabajadores con competencias en programación (individuos preparados para entrar inmediatamente en la industria de software), el objetivo final del programa se extiende más allá del empleo inicial. Islas señaló que los participantes que completen el curso deberían aspirar a credenciales avanzadas, convirtiéndose potencialmente en técnicos o ingenieros en sus respectivos campos. Precisó que el Plan 111 Mil debería servir como incentivo y base, permitiendo a los participantes posteriormente acceder a ofertas académicas avanzadas proporcionadas por la Facultad de Ciencias Exactas, facilitando así el desarrollo profesional continuo.

Dalponte cerró la presentación enfatizando el valor transformador de la educación y el desarrollo profesional continuo. Articuló que la adquisición de conocimiento expande fundamentalmente la agencia individual, creando rutas adicionales para la elección personal y profesional.

Evidencia de mercado de apoyo

Las perspectivas optimistas para la expansión del sector de software están sustentadas por investigación empírica. El Observatorio Permanente de la Industria Argentina de Software y Servicios Informáticos (OPSSI), operado por la Cámara Argentina de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI), realizó un estudio integral de proyecciones de empleo. Esta investigación abarcó 149 empresas que emplean colectivamente 14.787 trabajadores. La recolección de datos ocurrió entre el 9 de febrero y el 10 de marzo de 2017, e incluyó colaboración de principales clusters tecnológicos, polos y empresas en toda Argentina. CEPIT participó en este esfuerzo de encuesta integral.

Los hallazgos del estudio proyectan la creación de más de 12.900 nuevas posiciones dentro de la industria de software durante 2017. Aníbal Carmona, presidente de CESSI, caracterizó estos resultados como reflejo de la profunda transformación digital ocurriendo en la economía más amplia, combinada con las expectativas de crecimiento de los emprendedores del sector. Señaló además que los datos del tercer trimestre de 2016 revelaron más de 4.000 posiciones sin cubrir resultantes específicamente de la disponibilidad insuficiente de recursos humanos calificados, subrayando la capacidad del mercado laboral para absorber profesionales capacitados y la importancia crítica de iniciativas de desarrollo de recursos humanos como el Plan 111 Mil.


Desde las aulas de Tandil hacia las juntas directivas de Atlanta: el ambicioso impulso de Argentina para formar y exportar talento de software de clase mundial

Más de 150 aspirantes a programadores llenaron el auditorio del Centro Cultural de la Universidad Nacional del Centro en Tandil una noche de marzo de 2017, ansiosos por conocer cómo el Plan 111 Mil nacional les ofrecería un curso intensivo de programación gratuito de un año y, con él, una puerta potencial a los 12.900 nuevos empleos de software previstos para ese año en toda Argentina. La iniciativa prometía formar 100.000 programadores, 10.000 profesionales de TI y 1.000 emprendedores tecnológicos en cuatro años, respondiendo a la apremiante pregunta de la industria sobre quién escribiría el código que potenciara el auge digital del país.

Ese interés local inicial reflejaba las expectativas más amplias que recaían en el programa. El Observatorio Permanente de la Industria Argentina de Software y Servicios Informáticos (OPSSI) acababa de encuestar 149 empresas que empleaban casi 15.000 trabajadores y estimó que la contratación en el sector se incrementaría notablemente durante 2017, a pesar de que más de 4.000 posiciones ya permanecían vacantes por falta de candidatos calificados. Con el gobierno, la academia y el sector privado alineados, el lanzamiento del Plan 111 Mil en Tandil parecía un modelo de cómo las ciudades de provincia podrían cerrar brechas de talento e incorporarse a la economía del conocimiento.

Sin embargo, el progreso resultó más lento de lo prometido. Una evaluación publicada al año siguiente mostró que, a nivel nacional, el programa había graduado solo aproximadamente 2.000 programadores, apenas una décima parte de los 25.000 objetivo anual establecido cuando se lanzó el Plan 111 Mil en 2016, y una señal de que la iniciativa estaba «muy por debajo de la meta mientras persisten los problemas iniciales» Nearshore Americas. El déficit evidenció lo difícil que puede resultar expandir rápidamente la educación tecnológica, incluso en un país famoso por sus universidades públicas sólidas y su talento en ingeniería.

La primera sesión de información en Tandil

El encuentro a sala llena en Yrigoyen 662 fue organizado por la cámara local de software CEPIT y la Universidad Nacional del Centro (UNICEN). Tres oradores establecieron el tono: el vicepresidente de CEPIT, Mauricio Salvatierra, bosquejó la mecánica del curso gratuito; Diego Dalponte, secretario de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la Facultad de Ciencias Exactas de UNICEN, explicó cómo los graduados podrían acceder a títulos más avanzados; y Guillermo Islas, director técnico de la empresa multinacional Globant, enfatizó que las habilidades en programación se construyen mediante la práctica disciplinada, no mediante el genio innato.

Los asistentes variaban desde estudiantes de secundaria y recién graduados hasta profesionales a mitad de carrera que buscaban un cambio. Para muchos, el mensaje de que un bootcamp de un año podría asegurarles un trabajo de TI a nivel inicial representaba una alternativa atractiva a programas académicos más largos. Se programaron rápidamente sesiones adicionales para la noche siguiente y nuevamente esa misma semana en la Universidad Barrial de la ciudad para satisfacer la demanda.

Proyecciones laborales nacionales

En ese momento, las cifras lucían favorables. La encuesta de OPSSI—realizada entre el 9 de febrero y el 10 de marzo de 2017—proyectó la creación de aproximadamente 12.900 nuevos empleos ese año en desarrollo de software, análisis de sistemas y roles relacionados. El presidente de CESSI, Aníbal Carmona, vinculó el crecimiento a la transformación digital más amplia de las empresas argentinas y advirtió que la brecha de competencias ya estaba dejando valor sin explotar: más de 4.000 ofertas en el tercer trimestre de 2016 habían quedado sin cubrir.

El diseño del Plan 111 Mil buscaba abordar precisamente esa restricción. Al certificar programadores junior en un año y canalizarlos hacia pasantías o roles de nivel inicial, los responsables políticos esperaban aliviar los cuellos de botella en la contratación mientras instaban a los graduados a proseguir con estudios superiores. En Tandil, Islas recordó a los asistentes que la «inversión rápida» de un año de capacitación debería servir como trampolín, no como techo, para sus carreras.

Realidad en 2018

Doce meses después, sin embargo, el balance contaba una historia diferente. De acuerdo con una investigación de Nearshore Americas, solo aproximadamente 2.000 estudiantes habían completado el curso a nivel nacional desde 2016, muy por debajo del ritmo necesario para alcanzar 100.000 programadores en cuatro años. El informe citó obstáculos administrativos y logísticos pero subrayó que el desafío fundamental seguía siendo: ampliar la instrucción de calidad con suficiente rapidez para satisfacer la demanda de la industria.

Para Tandil, el déficit nacional se tradujo en menos programadores recién formados ingresando al fondo de talento local de lo anticipado. Las empresas aún publicaban ofertas, pero los graduados de bootcamp capaces de contribuir desde el primer día eran más escasos de lo proyectado. La brecha reforzó el consejo anterior de Dalponte: la educación continua sería clave para el éxito a largo plazo.

La influencia tecnológica de Argentina en 2025

A pesar de los tropiezos iniciales, el ecosistema de software del país siguió ascendiendo. En noviembre de 2025, una delegación argentina de 16 empresas llegó a Atlanta para atraer clientes e inversores, mostrando un sector que ahora contaba con más de 120.000 desarrolladores y exportaba aproximadamente US $8 mil millones en software y servicios de TI anualmente, según Hypepotamus. El mismo informe señaló que Argentina había creado 14 unicornios tecnológicos—empresas emergentes valuadas en más de US $1 mil millones—y disfrutaba de la proporción más alta de hablantes de inglés en América Latina, factores que reforzaron su competitividad en el mercado estadounidense.

El evento de promoción en Atlanta ilustró cómo, incluso con iniciativas de capacitación sin cumplir objetivos numéricos, el sector tecnológico argentino logró escalar. Los líderes de la industria señalaron el profundo fondo de desarrolladores autodidactas del país, programas universitarios robustos y una vibrante cultura de emprendimiento como factores compensatorios. Los incentivos del gobierno, incluyendo beneficios tributarios y la ley de «economía del conocimiento», también ayudaron a las empresas a expandirse.

Los clusters locales como el de Tandil continuaron desempeñando un papel desproporcionado. Las empresas establecidas en la ciudad aprovecharon menores costos operacionales y sólidos vínculos académicos para atraer tanto a clientes nacionales como extranjeros. Los egresados de las primeras cohortes del Plan 111 Mil frecuentemente avanzaron hacia estudios de nivel superior en UNICEN, alimentando un ciclo virtuoso de desarrollo de talento que, aunque más lento de lo planeado, continuó contribuyendo al crecimiento regional.

Un balance mixto

Casi una década después de aquella primera sesión de información, el veredicto sobre el Plan 111 Mil es mixto. Su objetivo principal de 100.000 programadores capacitados permanece fuera del alcance, y la evaluación de 2018 expuso deficiencias en la ejecución. Sin embargo, el programa sí colocó a miles de argentinos en una trayectoria de carrera tecnológica, muchos de los cuales quizás no hubieran ingresado al campo de otro modo. Para los reclutadores, incluso adiciones incrementales al fondo laboral aliviaron las crónicas escaseces.

Además, la huella tecnológica global de Argentina se expandió marcadamente en el mismo período. Los 14 unicornios del país incluyen nombres como Mercado Libre y Globant, empleadores cuyo crecimiento valida la previsión de demanda de 2017. Los US $8 mil millones en exportaciones anuales y la actuación de la industria en Atlanta atestiguan la capacidad de Argentina para competir internacionalmente a pesar de los obstáculos domésticos en capacitación de competencias.

Mirada hacia adelante

Si los futuros programas de capacitación pueden conciliar objetivos de inscripción ambiciosos con ejecución en terreno sigue siendo una pregunta abierta. La experiencia del Plan 111 Mil sugiere que ampliar la educación para industrias de rápido movimiento requiere no solo currículo y financiamiento sino también agilidad administrativa y coordinación estrecha con los empleadores. El enfoque colaborativo de Tandil—uniendo CEPIT, UNICEN y empresas privadas—ofrece una plantilla, pero los lanzamientos nacionales deben considerar disparidades regionales en infraestructura y capacidad instructiva.

Para los candidatos, la lección del discurso de Islas en 2017 aún se mantiene: un curso de un año puede abrir la puerta, pero el aprendizaje sostenido es esencial. Los empleadores, entretanto, continúan valorando el talento bilingüe de Argentina y su cultura empresarial, factores que ayudaron a que la delegación llegara a Atlanta y probablemente sustentarán el crecimiento futuro de exportaciones.

Conforme el sector se aproxima a una proyección de 200.000 profesionales tecnológicos más adelante en

Fuentes

  • https://nearshoreamericas.com/argentinas-111-mil-program-far-behind-target-as-teething-problems-persist/
  • https://hypepotamus.com/startup-news/argentina-tech-delegation-in-atlanta-2025/