Santiago de Chile revela un panorama de crecimiento acelerado en infraestructura digital: Claro Empresas, la unidad corporativa de América Móvil, está reforzando su red de centros de datos para satisfacer una demanda que no cesa. Chile ya opera 22 instalaciones de escala media y grande y se proyecta que otras 30 entren en funcionamiento de aquí a 2028, lo que implicaría inversiones cercanas a US$1.220 millones, según el Departamento de Comercio de EE. UU. trade.gov.

La compañía ve en ese dinamismo una oportunidad para consolidar su red regional de 43 data centers —con más de 250 000 m² construidos— y posicionarse como socio estratégico de empresas que buscan migrar a la nube, robustecer su ciberseguridad y avanzar en transformación digital. La apuesta se apoya en infraestructura propia, conectividad de alta capacidad (400G–800G) y un énfasis declarado en sostenibilidad ambiental.

Desde el Gobierno y los analistas del sector confirman la tendencia. Un reporte de Market Report Analytics destaca que la digitalización transversal de la economía chilena «está impulsando un crecimiento vigoroso» del mercado de centros de datos marketreportanalytics.com. Frente a ese escenario, Claro Empresas busca ampliar superficies de «sala blanca» y sumar energía renovable para mantener a Chile como hub digital regional.

La red de América Móvil no solo multiplica la capacidad de procesamiento local, sino que ofrece servicios que van desde Infraestructura como Servicio (IaaS) hasta Software como Servicio (SaaS), integrados con comunicaciones unificadas y ciberseguridad avanzada. En palabras de Juan Ignacio Alfaro, subgerente de Soluciones Telco de Claro Empresas, la evolución ha sido vertiginosa: «Pasamos de racks de 3,2 kW en 2013 a demandas de hasta 150 kW impulsadas por inteligencia artificial y cómputo de alto rendimiento».

Respuesta integrada a tres desafíos empresariales

Las empresas chilenas se enfrentan a al menos tres desafíos: escalar capacidad de cómputo, asegurar la continuidad operativa y reducir la huella de carbono. La oferta de Claro Empresas se presenta como respuesta integrada:

Infraestructura regional de vanguardia
La compañía opera 43 centros de datos en América Latina, conectados por su propia red de fibra óptica, lo que elimina la dependencia de terceros para el transporte de datos. En Chile, el Data Center Liray —inaugurado en 2013— fue el punto de partida; hoy recibe upgrades constantes para soportar densidades de potencia cada vez mayores.

Diseño flexible y eficiente
Para absorber cargas de IA y renderizado en tiempo real, las nuevas salas blancas incorporan conectividad de 400G‒800G, pasillos calientes y fríos separados y sistemas de contención que optimizan el flujo de aire. Según Alfaro, la meta es «mantener un PUE (Power Usage Effectiveness) competitivo sin sacrificar rendimiento».

Sostenibilidad y certificaciones
El portafolio suma acreditaciones LEED e ISO 50001, además de sistemas de recirculación de agua que reducen el consumo hídrico. La integración de energías renovables avanza con contratos de suministro eléctrico 100 % verdes, un argumento cada vez más relevante para clientes con metas ESG estrictas.

Servicios integrales
Desde servidores virtuales a racks completos, la empresa ofrece migración, consolidación y transformación de aplicaciones. Las certificaciones SAP Hosting y HANA Partner dan garantías de continuidad y soporte especializado. En ciberseguridad, la firma utiliza analítica e inteligencia artificial para detección proactiva de amenazas y ransomware.

El auge del mercado chileno

Los datos de la autoridad estadounidense dimensionan el fenómeno: 22 data centers en operación y 30 adicionales en carpeta antes de 2028, una expansión que exige casi duplicar el parque existente y desembolsar alrededor de US$1.220 millones trade.gov. Esa escala convertirá a Chile en uno de los clústeres digitales más robustos de Sudamérica, junto con Brasil y Colombia.

Además del gasto en infraestructura física, surgen oportunidades colaterales: redes de fibra de baja latencia, servicios de borde (edge computing), almacenamiento seguro y plataformas de analítica avanzada. Market Report Analytics subraya que la ola de digitalización abarca banca, salud, retail y entidades gubernamentales, todas necesitadas de cómputo y almacenamiento local marketreportanalytics.com.

Competencia y diferenciación

El desembarco de gigantes globales como Google, Microsoft y AWS acelera el ritmo de construcción, pero también eleva los estándares de eficiencia y resiliencia. Claro Empresas se distancia con un modelo que no fragmenta la cadena de valor: su propia red de transporte, su nube —híbrida o privada— y sus herramientas de seguridad. Ese enfoque integral, argumenta Alfaro, «reduce puntos de falla y mejora la experiencia del usuario final».

Casos de uso destacados

Sector financiero: migración de core bancarios a entornos SAP HANA con replicación geográfica activa-activa y tiempos de recuperación menores a 15 minutos.

Salud: plataformas de historia clínica electrónica alojadas en nube privada con cumplimiento normativo y trazabilidad de acceso.

Retail: motores de recomendación basados en IA que procesan picos de demanda durante eventos de ventas masivas.

Perspectiva regulatoria

La creación de un marco voluntario para medir la huella de carbono de los centros de datos, impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente, anticipa requisitos más exigentes en eficiencia energética. Para Claro Empresas, las certificaciones existentes y la transición a energía renovable le otorgan ventaja competitiva frente a una regulación más estricta.

Mirada a futuro

La empresa planea duplicar superficie de sala blanca en el corto plazo y escalar su oferta de interconexión directa a nubes públicas. La meta es soportar cargas mixtas que combinen IA generativa, realidad aumentada y procesamiento en el borde. A nivel país, la continuidad de cablerías submarinas —como el proyecto Humboldt— afianzará la posición de Chile como punto de intercambio de datos hacia Asia-Pacífico.

Considerando los ritmos de implementación, los 30 nuevos centros de datos proyectados implican un promedio de seis inauguraciones por año hasta 2028. Para los proveedores, esto se traduce en competencia por terrenos aptos, talento especializado y cupos en la matriz eléctrica. Para los usuarios, significa mayor resiliencia, precios más competitivos y bajas latencias intra-región.

Análisis e implicaciones

La confluencia de tres vectores —demanda corporativa, inversiones internacionales y presión regulatoria— configura un panorama en el que la eficiencia ambiental será diferenciador clave. Si bien Claro Empresas posee la ventaja de una red integrada y presencia regional, los hyperscalers globales aportan economías de escala y experiencia en innovación. La coexistencia podría favorecer alianzas híbridas, donde la multinacional provea capas de conectividad y edge, y las big tech aporten servicios SaaS de valor agregado.

Otra interrogante reside en el suministro energético. Con la matriz chilena aún dependiente de fuentes fósiles en un 39 %, la transición a renovables —solar del norte y eólica del sur— requerirá acuerdos de compra a largo plazo (PPAs) y mejoras en transmisión. Los data centers, responsables de hasta 1,8 % del consumo mundial de electricidad, pueden transformarse en catalizadores de inversiones en generación limpia si los contratos incluyen cláusulas de adicionalidad renovable.

Finalmente, el capital humano técnico se erige como recurso crítico. El país necesitará ingenieros eléctricos, especialistas en refrigeración y arquitectos de nube certificados. Programas académicos y certificaciones industriales podrían ser agilizados a través de convenios universidad–empresa, donde actores como Claro Empresas aporten laboratorios y capacitación.

En síntesis, la apuesta de América Móvil a través de Claro Empresas converge con un ciclo expansivo sin precedentes en el mercado chileno de centros de datos. Las cifras oficiales proyectan un escenario de inversiones millonarias y despliegue acelerado que redefinirá la competitividad digital del país en la próxima década. Cómo se equilibren eficiencia energética, resiliencia y velocidad de innovación determinará quién lidere este capítulo de la transformación digital andina.

Fuentes