Estados Unidos opera más de 3.000 instalaciones de procesamiento y almacenamiento de datos y tiene más de 1.500 adicionales en desarrollo

El punto de quiebre

Durante años, los centros de datos crecieron silenciosamente en polígonos industriales y en las afueras de ciudades medianas. La curva de demanda de cómputo que impulsa el entrenamiento e inferencia de modelos de IA cambió ese patrón: los operadores empezaron a construir donde había terreno disponible, energía accesible y permisos de zonificación relativamente rápidos, independientemente de si el predio colindaba con urbanizaciones residenciales.

Tres ciudades concentran hoy los casos más documentados: Vineland en Nueva Jersey, Dowagiac en Michigan y Lowell en Massachusetts. En cada una, vecinos describen el mismo fenómeno: un zumbido de baja frecuencia que no siempre se oye pero que se siente como una presión física, comparable —según testimonios presentados ante tribunales— al retumbar continuo de un camión pesado que no se mueve. El efecto, sostiene Scott Hamilton de la Acoustical Society of America, proviene de infrasonidos: ondas de frecuencia ultrabaja que los métodos de medición estándar simplemente no capturan.

Donde se acelero el cambio

El crecimiento en curso es estructural. Estados Unidos opera más de 3.000 instalaciones de procesamiento y almacenamiento de datos y tiene más de 1.500 adicionales en desarrollo. Lo que explica la presión actual es la escala de los proyectos individuales: la expansión planeada por Alliance Cloud Services en Dowagiac pasaría de 30 a 300 megavatios —suficiente para alimentar una ciudad mediana—, y el campus de DataOne USA en Vineland, cuando esté completado, superará los 240.000 metros cuadrados con una demanda eléctrica comparable.

Esa densificación de potencia exige ventilación industrial continua, generadores diésel de respaldo que se prueban semanalmente y sistemas de refrigeración que operan 24 horas. A diferencia de aeropuertos o autopistas, cuyo impacto sonoro disminuye en la madrugada, estas instalaciones mantienen el mismo nivel de ruido cuando los residentes intentan dormir, según señaló el profesor Richard Neitzel, de la Universidad de Michigan.

El vacío regulatorio lleva décadas. La administración Reagan desfinanció la Oficina de Control y Reducción del Ruido de la EPA en los años ochenta, y desde entonces la regulación quedó fragmentada en ordenanzas municipales diseñadas para construcciones, fiestas o animales, no para operación industrial ininterrumpida. El problema es también técnico: la mayoría de los municipios utiliza la escala de decibelios ponderada A, que descuenta precisamente los rangos de baja frecuencia que generan estas instalaciones. La escala ponderada C los captaría, pero casi ninguna jurisdicción la exige.

Donde golpea esto a Líderes de Ingeniería de Software

La implicación directa no es acústica ni urbanística: es de licencia social para operar infraestructura y, en consecuencia, de riesgo de proyecto y costo de cumplimiento.

Los equipos que planifican expansiones de capacidad —propias o en colocación— deben incluir en la evaluación de sitios algo que los modelos de costo tradicionales ignoraban: el riesgo de litigación vecinal y el costo de mitigación acústica. Las demandas activas en las tres ciudades buscan compensaciones económicas y medidas más estrictas, lo que introduce incertidumbre sobre plazos de expansión y sobre la operación sostenida de instalaciones existentes.

La refrigeración líquida es la solución técnica con mayor respaldo disponible: puede reducir el ruido en más de un 50% al eliminar la dependencia de ventiladores industriales. El diferencial de costo frente a los sistemas de refrigeración por aire hace que la decisión no sea solo de ingeniería, sino de FinOps y de gestión de riesgo de largo plazo. Para líderes con proyectos greenfield o en fases de diseño, ese costo adicional se convierte en un criterio de evaluación explícito cuando la instalación colinda con zonas residenciales.

Hay también una consecuencia en la relación con proveedores de colocación: centros como el de Markley en Lowell, que alojan infraestructura de múltiples clientes incluyendo organismos públicos y universidades, enfrentan presión reputacional que se transfiere a sus tenants. Elegir un proveedor sin revisar su historial de cumplimiento acústico y sus planes de expansión es hoy un riesgo operativo que antes no figuraba en los criterios estándar de due diligence.

Que aun podria cambiar la lectura

La escala del problema depende de cuánto avance la presión regulatoria. Si más municipios adoptan la escala ponderada C, o si los litigios en curso establecen precedentes de compensación, el costo de construir centros de datos en zonas mixtas cambiaría abruptamente. La señal a vigilar es si alguno de los tres casos activos llega a sentencia con compensaciones sustanciales: eso movería el cálculo de riesgo para todos los operadores de una vez.

Tampoco está claro si la estrategia de Alliance Cloud Services —comprar propiedades vecinas como barrera acústica y como forma de extinguir reclamantes potenciales— se convertirá en práctica estándar o en objeto de escrutinio regulatorio propio. Es una solución contractual a un problema de externalidad que la regulación aún no aborda.

La pregunta que esto deja a tu equipo

¿Tu proceso actual de selección de sitios para infraestructura propia o de colocación incluye evaluación acústica con escala ponderada C y análisis de riesgo de litigación vecinal, o sigue usando únicamente criterios de energía, conectividad y costo por rack?


Fuentes

  • Infobae — El zumbido invisible: demandas y temor por la expansión de los centros de datos en barrios residenciales de (Link)